El fenómeno que sorprendió a bañistas en la costa bonaerense en los últimos días tiene un nombre poco conocido pero científicamente documentado: meteotsunami. A diferencia de los tsunamis clásicos —provocados por terremotos o erupciones volcánicas—, este tipo de evento se origina por condiciones meteorológicas extremas.
Un meteotsunami se produce cuando hay cambios bruscos en la presión atmosférica, generalmente asociados a tormentas intensas, frentes fríos o fuertes ráfagas de viento. Estos cambios actúan como un “empujón” sobre la superficie del mar, generando oscilaciones rápidas del nivel del agua que, al llegar a la costa, pueden transformarse en olas repentinas y de gran fuerza.
Este fenómeno no es exclusivo de una región. Ha sido registrado en lugares como el Mar Mediterráneo, el Adriático, el Mar Báltico y también en zonas costeras de Estados Unidos y Japón. En Argentina, si bien no es frecuente, puede darse cuando coinciden determinadas condiciones climáticas con la forma del fondo marino y la costa, que amplifican el efecto de la ola.
Uno de los aspectos más peligrosos del meteotsunami es su imprevisibilidad: el mar puede retirarse de manera abrupta y regresar minutos después con fuerza, sin señales previas claras para quienes están en la playa. Por eso, especialistas recomiendan que ante una retirada repentina del agua, las personas se alejen de inmediato de la orilla y busquen zonas elevadas.
El aumento en la frecuencia de eventos meteorológicos extremos, asociado al cambio climático, lleva a científicos y organismos de prevención a prestar cada vez más atención a este tipo de fenómenos, que hasta hace pocos años eran considerados excepcionales, pero hoy forman parte del abanico de riesgos naturales a monitorear.
