La despedida de Marcelo Gallardo como director técnico de Club Atlético River Plate estuvo marcada por un clima de tensión interna, un vestuario “caliente” y la falta de respuestas del plantel, según reconstrucciones exclusivas de lo que ocurrió en los últimos días antes de su anuncio oficial de salida.
Tras la dolorosa derrota ante Club Atlético Vélez Sarsfield, que profundizó la crisis de resultados de River, Gallardo se encontró con un panorama que lo llevó a reflexionar sobre su continuidad. En el entretiempo de ese partido se vivió un clima enrarecido en el vestuario, con gritos, frustración y un técnico que ya percibía que su ciclo estaba desgastado.
La situación se consolidó cuando, tras esa caída, el entrenador evaluó internamente que no obtenía las respuestas que esperaba de sus jugadores y decidió tomarse 24 horas para meditar sobre su futuro. En ese lapso confirmó su decisión de dar un paso al costado, algo que luego expresó directamente en una reunión con dirigentes y con el plantel.
Gallardo, reconocido por su liderazgo y su habilidad para motivar, admitió en una de las charlas informales que “no encontró respuestas” dentro del grupo, una frase que sintetiza la frustración acumulada tras una serie de malos resultados y la falta de rendimiento colectivo en momentos clave.
Ese malestar no fue solo futbolístico: fuentes cercanas describen que los referentes del plantel no lograron consolidar una reacción sólida en momentos críticos del torneo, y que la falta de liderazgo dentro del campo se hizo sentir con fuerza. La mezcla de resultados adversos, levantamientos de expectativas fallidas y un vestuario que ya no respondía como antes terminó por influir en la decisión final.
Gallardo anunció que su último partido al frente del equipo será este jueves ante Banfield en el Estadio Monumental, cerrando así un ciclo que, aunque atravesó altibajos recientes, deja una huella histórica en el club.

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